25 de abril de 2026

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Rubiolo: «Ojalá pueda vivir del fútbol. Soy muy dependiente de él y es una pasión para mí»

En un nuevo capítulo de la «Futura Promesa», aparece Francisco Rubiolo. Un jugador que no llegó al fútbol desde chico ni creció entre canchas y escuelitas. Su historia es diferente.

Recién a los 13 años, a fines de 2021, decidió probar suerte con la pelota. Nunca había ido a una cancha hasta que un amigo lo invitó a anotarse en Centro Social de Las Higueras. Aceptó casi sin pensarlo, creyendo que jugarían juntos. No fue así: su amigo era dos años más grande, entrenó apenas dos semanas y dejó. Francisco, en cambio, se quedó. Y no se fue más.

Desde el inicio sintió algo distinto. Se dio cuenta de que el fútbol se le daba bien y eso fue el motor para seguir entrenando. Todo su recorrido lo hizo en Centro Social, club donde se formó y creció rápidamente. En febrero de 2025 tuvo la chance de probarse en Atenas para disputar su último año de juveniles: «Eran 2 días de prueba. El primer día ya me habían seleccionado y al segundo fui a entrenar con el equipo con el que jugaría, la Sub 17 A. Entrené 2-3 semanas con ellos y me di cuenta que por horarios del colegio no llegaba a entrenar, así que no pude cambiarme de club».

Dentro de la cancha, Rubiolo siempre fue volante central. En 2025 tuvo un año exigente y de mucho rodaje: los sábados jugaba con su categoría y los domingos con reserva. Se desempeñó como cinco, volante interno e incluso, cuando el equipo lo necesitó, como defensor: «A principios de 2025 estaba totalmente decidido en irme del club, aunque si me iba no habría salido campeón con reserva siendo titular. Así que el paso por Social fue muy bueno, ya que salir campeón dos veces en tan poco tiempo es un sueño».

A la hora de hablar de referentes destaca dos nombres bien claros: Rodrigo De Paul, por la energía que contagia al equipo, y Enzo Fernández, por lo que transmite con la pelota en los pies. Su futuro se imagina ligado al fútbol sí o sí: “Ojalá pueda vivir del fútbol. Soy muy dependiente de él y es una pasión para mí. Estaba decidido que al terminar el secundario me iría a Córdoba a estudiar en el colegio de oficiales, pero eso sería dejando de jugar al fútbol, algo que no podría hacer y no voy a hacer».

Su rutina es intensa: entra todos los días al colegio de 7:30 y a 16:30. El año pasado su día a día era llegar, merendar, ir al gimnasio y luego entrenar con su categoría, reserva y primera. Al estudio le dedicó el tiempo justo, pero siempre cumpliendo.

Si pudiera elegir a que equipo iría, no lo duda: River Plate. Hincha declarado, sueña con vivir del fútbol, salir campeón y competir siempre. Hoy defiende los colores de Centro Social, siendo una pieza clave y un ejemplo que demuestra que nunca es tarde para ir detrás de una pasión.

Fotos: Silvina Bustos y Martín Soria.