21 de julio de 2026

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Gracias por hacernos creer una vez más

El viaje terminó. Y, aunque esta vez no hubo vuelta olímpica, la Selección Argentina volvió a demostrar por qué se ganó un lugar eterno en el corazón de todo un país.

España fue un justo campeón. O, al menos, un justo ganador de la final. Dominó gran parte del partido, manejó la pelota, ocupó cada rincón del campo con camisetas rojas y terminó encontrando en el alargue el gol de Ferran Torres que definió el Mundial. Argentina resistió como pudo, tuvo un par de oportunidades para llevar el partido a otro destino, pero esta vez el corazón no alcanzó.

Y si algo tuvo este equipo durante toda la Copa del Mundo fue precisamente eso: corazón. Porque no llegó a la final siendo el que mejor jugó todos los partidos, sino siendo el que nunca dejó de creer. Eliminó rivales difíciles, volvió a demostrar carácter en los momentos límite y encontró respuestas cuando parecía quedarse sin ellas. Esa identidad competitiva fue la marca registrada de un ciclo que cambió para siempre la historia reciente de la Selección.

La imagen de Lionel Messi llorando al final del encuentro será una de las postales imborrables de este Mundial. Duele porque probablemente haya sido su última función en una Copa del Mundo. Duele porque todos queríamos otro final para el mejor futbolista de la historia. Pero esas lágrimas no borran absolutamente nada de lo construido.

Porque si hay alguien que merece ser recordado mucho más allá de una derrota es Lionel Scaloni. Lo que consiguió este cuerpo técnico no puede resumirse en una final perdida. Tomó una Selección golpeada, cuestionada y sin rumbo, la convirtió nuevamente en protagonista del fútbol mundial y le devolvió la ilusión a millones de argentinos. Le dio a Messi el escenario que siempre soñó: volver a ser feliz con la camiseta celeste y blanca y levantar la Copa del Mundo en 2022, además de conquistar dos Copas América y una Finalissima. Incluso después de la derrota, Scaloni reconoció con grandeza la superioridad del rival y se mostró orgulloso del camino recorrido.

Este Mundial también dejó otra enseñanza. Argentina no dependió únicamente de Messi. Hubo figuras que crecieron, apareció una nueva generación que ya no siente el peso de la camiseta sino el orgullo de vestirla, y quedó claro que existe una base sólida para seguir compitiendo en la élite.

Gracias, Selección. Gracias por otro viaje inolvidable. Porque las lágrimas de hoy no tapan las sonrisas de todos estos años. Porque los títulos quedarán para siempre, pero el orgullo de volver a sentirse identificado con este equipo vale tanto como cualquier copa.

El Mundial terminó. La historia de esta generación ya está escrita. Y será imposible contar el fútbol argentino sin hablar de la era que encabezaron Lionel Messi y Lionel Scaloni.

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