Tras un partido electrizante en el que la ventaja mínima sacada en Gigena había que hacerlo valer, llegaba el turno de Alberdi, que explotaba en el epicentro de su barrio, el «Trampero».
Allí se llevó a cabo un partido que tuvo de todo, en el que Roncedo salió a buscarlo para poder empatar la serie rápidamente, pero se encontraron con un Alberdi firme y sólido en todas las facetas del juego y no dieron lugar a los embistes del «Doctor».

Los goles de Emiliano Picco y Luciano Cometto (de penal) fueron los que, junto al que convirtieron en Gigena, le dieron la posibilidad de levantar el trofeo y por fin quitarse la espina de lo realizado en el Apertura.
Y como dicen en el ambiente futbolero: «El fútbol siempre da revancha», y lo realizado por Alberdi así lo demuestra. Un club y un equipo que tuvo un año casi sin fisuras y que hizo un gran papel en ambas finales, pero esta vez, las lágrimas no fueron de tristeza, más bien de felicidad y desahogo.

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