Lara Vignolo, arquera de las divisiones inferiores de Talleres de Córdoba, construyó su vínculo con el fútbol desde muy pequeña. Su amor por la pelota nació en el entorno familiar y la acompañó desde los primeros años de vida. «A los 5 años empecé a jugar en una escuelita de El Imperio. Éramos yo y otra chica jugando con varones. Ahí siempre jugué de campo, no atajaba».
Con el paso de los años se cambió a Optimus, donde comenzó una historia que terminaría marcando su carrera. Hasta ese momento se desempeñaba en distintas posiciones dentro de la cancha y el arco aparecía más como una broma durante los entrenamientos. Sin embargo, todo cambió cuando llegó a Estudiantes de Río Cuarto: «Ahí ya era un equipo de mujeres. Cuando me cambié a Estudiantes, me acuerdo que contra Banda Norte la arquera se lesiona y no había suplente. Entonces la profe me mira y me llama».
Aquel partido fue un antes y un después. Con la arquera lesionada, Lara tuvo que hacerse cargo del puesto también en los entrenamientos. Al principio no le gustaba la idea: «Yo quería volver a jugar. Tenía rechazo hacia el arco, pero como no había arquera, le dije al profe que atajaba yo». Lo que comenzó como una solución de emergencia terminó convirtiéndose en su pasión. «La arquera volvió y yo dije: “No, yo sigo”. Me quedé en este puesto que me encanta y ahora no lo quiero soltar».

Hoy, luego de su paso por el «León» riocuartense, la arquera dio un salto de calidad y se convirtió en jugadora de Talleres. Sobre su llegada al club cordobés, destacó la unión del grupo y el acompañamiento que recibió desde el primer día: «No hay ningún tipo de diferencia entre una y otra, tiramos todas para el mismo lado».
También remarcó las diferencias estructurales que encontró en esta nueva etapa. Canchas de primer nivel, materiales de entrenamiento y un cuerpo de trabajo completo hacen que las futbolistas se sientan parte de un proyecto importante: «Tenés cuatro técnicos por entrenamiento, preparadora física, médico y kinesióloga, está todo conectado. Hay mucha comunicación entre todos y tenés todo a tu disposición».
Sin embargo, el cambio no fue sencillo. Lara entrena de lunes a viernes durante dos horas y media y encontró una exigencia muy distinta a la que estaba acostumbrada. «Acá en Talleres es todo muy intenso. Tenés que estar siempre concentrada, dando el máximo. Se juega a otro ritmo y eso es algo a lo que me tuve que adaptar». Como arquera, se define como alguien a la que le gusta participar con los pies, transmitir seguridad a sus compañeras y responder cuando el equipo la necesita.
En este proceso, el apoyo familiar fue fundamental. Lara asegura que siempre contó con el respaldo de sus seres queridos, especialmente cuando surgió la posibilidad de probar suerte en Córdoba: «Mi mamá fue la que dijo: “Sí, dejemos todo para que ella vaya y cumpla su sueño”». Claro que perseguir una carrera deportiva también implica sacrificios.
De chica tuvo que convivir con situaciones en las que algunos compañeros no la dejaban tocar la pelota por ser mujer. Hoy el desafío es otro: estar lejos de Río Cuarto, de su familia y de sus amigos para seguir creciendo dentro del fútbol. Aun así, está convencida de que vale la pena. «Sé que ellos también quieren que cumpla mi sueño, así que están contentos».

Actualmente cursa el último año del secundario en Córdoba y combina sin problemas sus estudios con los entrenamientos: «Voy a la mañana a la escuela, al Monseñor de Andrea. Me queda este último año y ya termino». En lo futbolístico, también valoró la competencia interna que existe dentro del plantel. Aunque todas luchan por un mismo puesto, entiende que la exigencia diaria las hace crecer: «Todas queremos sacar lo mejor de la otra. Entrenamos al máximo porque sabés que hay otra que quiere jugar también».
Pensando en el futuro, Lara sueña con vestir la camiseta de la Selección Argentina, debutar en Primera División y llegar a vivir del fútbol. Sin embargo, hoy tiene una meta mucho más cercana: ganarse un lugar como titular en la Reserva de AFA de Talleres.
Foto: Esteban Morales.

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