8 de julio de 2026

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Argentina resucitó a tiempo y sigue soñando con el bicampeonato

Cuando parecía que el campeón del mundo estaba contra las cuerdas, apareció el carácter. La Selección Argentina volvió a demostrar que nunca hay que darla por vencida y, con una remontada épica en los últimos minutos, derrotó 3-2 a Egipto en Atlanta para meterse en los cuartos de final del Mundial 2026. Ahora, el próximo sábado desde las 22, enfrentará a Suiza, que eliminó por penales a Colombia.

Fue otra batalla de esta Selección. Una de esas que parecen perdidas, pero que terminan alimentando la ilusión. Egipto golpeó dos veces y hasta llegó a convertir un tercer tanto que fue invalidado por el VAR. Argentina quedó tambaleando, sin respuestas futbolísticas y al borde de una eliminación inesperada. Sin embargo, los dirigidos por Lionel Scaloni encontraron una vez más la fuerza para levantarse de la lona.

El conjunto albiceleste volvió a dejar interrogantes desde el juego. Le generan pocas situaciones, pero cuando el rival llega suele lastimarlo. Esa fragilidad defensiva volvió a quedar expuesta frente a un Egipto que aprovechó cada oportunidad y tuvo durante gran parte del encuentro contra las cuerdas al vigente campeón del mundo.

Pero cuando el reloj marcaba que ya no había margen para la reacción, apareció el corazón. A poco más de diez minutos para el final, Cristian Romero ganó de cabeza tras un centro perfecto de Lionel Messi y descontó para el 1-2. El «Cuti» le devolvió la vida a una Selección que parecía resignada.

Cuatro minutos más tarde, otra vez apareció Messi. Fue a buscar una segunda pelota con esa intuición que lo distingue desde hace casi dos décadas y sacó un zurdazo de volea para empatar el partido. El alma volvió al cuerpo. Atlanta explotó y millones de argentinos recuperaron la esperanza. Con ese tanto, el capitán alcanzó su noveno partido mundialista consecutivo marcando al menos un gol y continúa agrandando una leyenda que parece no tener techo.

La reacción no fue solamente futbolística. También fue anímica. Argentina empezó a jugar cada pelota como si fuera la última. Leandro Paredes cortó un avance que valió tanto como un gol y, poco después, Julián Álvarez protagonizó una recuperación memorable sobre Mohamed Salah en la puerta del área. El delantero robó la pelota y habilitó a Lautaro Martínez, quien esta vez cambió el gol por la asistencia.

El centro encontró la llegada de Enzo Fernández, que apareció por sorpresa para conectar un cabezazo inolvidable y desatar el delirio argentino en tiempo de descuento. El 3-2 consumó una remontada histórica y mantuvo con vida el sueño de defender la corona mundial.

El final fue pura emoción. Messi lloró. Scaloni lloró. Lloraron los jugadores, los hinchas en Atlanta y los millones que siguieron el partido desde Argentina. No era la despedida de nadie. Era una nueva muestra de resiliencia de un equipo que hizo del sufrimiento una fortaleza y que volvió a encontrar respuestas cuando parecía no tenerlas.

Ahora el desafío será Suiza. Un rival con el que Argentina tiene un buen recuerdo mundialista. En los octavos de final de Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014, la Albiceleste ganó 1-0 en el tiempo suplementario gracias al gol de Ángel Di María.

El sábado habrá una nueva prueba. Argentina sabe que necesita mejorar desde el juego, corregir sus desatenciones defensivas y recuperar solidez. Pero también sabe que mientras tenga carácter, corazón y a Messi en la cancha, nunca estará definitivamente derrotada. Porque esta Selección volvió a demostrar que, incluso cuando parece no quedar tiempo, siempre encuentra una razón para seguir creyendo.